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100 sesiones de entrenamiento minimalista (Primera parte)

Despues de medio año ya no me hago a la idea de que pudiese volver a correr con zapatillas amortiguadas

A mitad del mes de abril de este año 2012 y tras leer el ya famoso libro entre los corredores de Nacidos Para Correr de Christopher McDougall me dispuse a iniciar una aventura, correr con huaraches y dejar de la lado las zapatillas de corredor de toda mi vida. Tras mucho pelear con mis piernas para poder mantenerme activo en la actividad de correr y en la medida de lo posible en la participación en carreras populares, mi estrategia daba un giro de 180º.
Unos meses antes ya había podido comprobar la noción muy habitual en el mundo del diseño y de la creación de que "menos es más" eliminando de mi parafernalia de equipamiento las plantillas ortopédicas personalizadas. Si estas me fueron útiles en algún momento de mi vida hacía mucho tiempo que ya no notaba sus efectos benignos. Sacar esa pieza tan relevante me permitió aunque con algunos problemas superar la maratón de La Coruña de este mismo año. Los problemas resultaron mínimos porque había pasado de no poder correr más de cinco o seis kilómetros sin volver lesionado a casa a poder correr 42 kms y volver también lesionado a casa. Un salto cualitativo pero aún problemático.
Una vez retorné de Galicia me propuse iniciar mi plan de transición al minimalismo, basado en la idea de correr con un calzado que incidiese lo menos posible en lo que es el correr natural descalzo del pie. Lo de correr descalzo no me lo planteaba porque lo veía un camino mucho más largo y para mí no era un objetivo en sí, el objetivo era correr sin molestias.
Con estos huaraches tan sencillitos me inicié en el minimalismo runner

En esos primeros momentos me resultó de enorme utilidad poder contar con el apoyo de otros corredores ya iniciados a través del foro de correr descalzos. Allí no solo encontré información de gran utilidad sobre como iniciar la transición sino que además encontré buenos amigos con los que contrastar nuestros avances  y retrocesos en este camino.
Por otra parte mi mujer siempre pendiente de mis ilusiones me regaló mi primer para de huaraches. Con gran sorpresa suya este primer calzado minimalista me lo tuve que montar yo recortando la goma de la suela y haciendo el entramado de cuerdas que sujetaba el pie.
Como ya estaba acostumbrado a las progresiones muy lentas para recuperar las lesiones me lo tomé como una adaptación desde cero y comencé corriendo el primer día la enorme distancia de 200 metros. La sensación que quería tener era la de quedarme siempre con ganas de correr más y vaya si lo conseguí.

Aún me acuerdo de las primeras salidas de casa con los huaraches. Un sentimiento de extrañeza me inundaba tanto por lo raro que me resultaba andar con semejante calzado como por la estética que ofrecía. No soy persona que se altere por lo que piensen los demás de mi aspecto pero no podía evitar cierta risa interior de verme con esas rudimentarias alpargatas conjuntado con mi equipo de atletismo con reflectantes, reloj con GPS y demás complementos. 

Primeros ensayos de técnica de apoyo con huaraches

Los primeros intentos resultaron casi cómicos pues corría unos pocos metros con unas sensaciones muy forzadas y me volvía a casa a los pocos minutos. Realmente no tenía ni idea de si este nuevo sistema de apoyar mi aterrizaje en los metatarsos en vez de en el talón, así como el uso de una nula amortigüación me serviría para resolver mis dolencias. La cuestión es que no tenía nada que perder, ya había perdido mucho dinero y tiempo intentando solucionar una condromalacia rotuliana que me perseguía ya más de quince años y que en ningún momento había desaparecido de forma significativa. Aparte en los últimos años me habían comenzado a aparecer problemas en los isquiotibiales que en más de una ocasión me estaban dejando completamente fuera de juego.
Así día a día, hectómetro a hectómetro iba incrementando mi distancia de adaptación a esta nueva técnica. 
La incómoda extrañeza así como la extrema sensibilidad que sentían mis pies hacia el terreno en los primeros días fue cambiando. Hay que tener en cuenta que pasé de calzar una zapatilla con casi cuatro centímetros de tacón y dos de planta a una suela de 4 milímetros en toda su extensión de una densidad bastante rígida. De esta manera cualquier rugosidad del suelo se trasladaba a la planta de mis pies de forma casi directa.
Cuando ya llevaba aproximadamente una docena de sesiones y me acercaba al kilómetro y medio de recorrido, comenzaba a sentirme mucho mejor tanto en la forma en la que afrontaba esta nueva forma de correr, como en mis sensaciones con los huaraches y lo más importante de lo que me transmitían mis piernas. No podía adoptar aún ideas claras sobre lo que podía suponer la nueva técnica porque apenas llevaba corriendo así poco más de dos semanas, pero intuía que todo iba más que bien.
Como no podía correr mucha distancia al respetar mi progresión consistente en añadir cien metros cada día me dejaba llevar incrementando el ritmo de esas sesiones. Me sentía ligero y cómodo y la nueva técnica de apoyar de metatarso manteniendo una cadencia alta en el ritmo de la zancada me empujaba a correr muy rápido en comparación con lo que hasta hace poco habían sido mis ritmos habituales.
Ese incremento de ritmo como escape a la restricción que me autoimponía resultó un problema porque comencé a notar uno de los problemas de iniciar de forma muy precipitada la transición, un principio de metatarsalgía, de tal forma que me comenzó a doler la parte superior del pie izquierdo. Me di cuenta de que la transición tenía que ser en todas las dimensiones de lo que es correr, distancia y ritmo. Por suerte el tema no degeneró y en unos tres días de reducción del ritmo y descanso esas molestias desaparecieron.
En cincuenta sesiones repartidas aproximadamente en tres meses alcancé a correr los cinco kilómetros.
En ese tiempo los primeros huaraches que utilizaba y que me hice yo mismo tuve que sustituirlos por otros más elaborados ya que se me destrozaba el nudo. Al principio el cambio fue complicado pero las nuevas sandalias se convirtieron a corto plazo en una parte que en poco la distinguía de la estructura de mi propio pie.
Los huaraches pies sucios proporcionan un gran confort pero hay que hacerse con ellos como si de un ser vivo se tratasen.


100 sesiones de entrenamiento minimalista (Primera parte) 100 sesiones de entrenamiento minimalista (Primera parte) Reviewed by Emilio Sáez Soro on septiembre 25, 2012 Rating: 5

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