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5 de 5. Maratón de Madrid. El tormento y el éxtasis.

En el metro con mi fiel escudero.

Afrontaba la Maratón de Madrid con la ilusión de volver al lugar donde corrí mi primera maratón hacía ya veintidós años. También fui a sabiendas de que era una carrera dura y que probablemente lo sería más yendo descalzo. No me equivoqué fue la más dura de esta serie que inicié hace cinco meses, con diferencia. También fue la más vital y más intensa. Comenzar en la parte de atrás de un pelotón de veinte mil personas (salían juntas la media y la entera) es algo que impresiona. El paseo de la Castellana nos tragó con glotonería como el manjar humano más precioso. Es muy satisfactorio salir enmedio de una multitud tan abigarrada y que no se produzca ni un solo embotellamiento ni retención. Tardé ocho minutos en cruzar la línea de salida desde que está se inició tal era la multitud de corredores. A sabiendas de que no sería fácil salí más despacio que en todas las maratones anteriores, por encima de seis minutos por kilómetro. La Castellana se deslizó bajo mis pies en una caricia prometedora. Todo apuntaba a que iba a ser amable conmigo y fui aumentando el ritmo medio poco a poco hasta situarme en los 5º 45' por km. con tendencia a seguir aumentando el ritmo. Las calles estaban muy animadas, los corredores de media se iban concentrando ante la llegada de su meta y todos conversábamos de forma animada. Muchos corredores se emparejaban conmigo para preguntarme sobre mi experiencia descalcista y eso hacía que aún resultase todo más ameno. Llegamos al kilómetro 26 y parecía mentira pero todo estaba perfecto, el día era genial un sol que no quemaba y sin embargo era estimulante, el asfalto por lo general aceptable, mis fuerzas íntegras, mis pies y piernas fuertes y rotundas.... La entrada a la Casa de Campo de Madrid fue como la entrada al infierno. Aparte de unos cientos de metros de adoquines graníticos que seccionaban el aire al entrar al camino principal me di cuenta de que la mezcla del asfalto estaba hecha con SILEX auténticas, afiladas, abundantes y sobresalientes hojas de piedra cortante. La sensación de pavor que me produjo sentir "eso" bajo mis pies casi me lleva al pánico. Reduje la marcha a cuatro veces el ritmo que llevaba y me arrastré por los algo más de tres kilómetros de ese tipo de camino. Fueron tres kilómetros que los sentí como diez por el tiempo que empleé en recorrerlos. Sin embargo pasé y grité al salir de allí como si me hubiesen liberado de un cautiverio. Por suerte la calle de salida de la Casa de Campo ya era otra cosa y volví a correr, abandonando el paso lastimero que me había sometido. Pero esa buena sensación duró poco y se produjo una sucesión alternante de calles con el asfalto en condiciones muy ásperas con otras en mejores condiciones por lo que iba dando tirones y frenazos. Algunos corredores me comentaron esa curiosidad a lo que yo con el buen humor que podía mantener les decía que así nos saludábamos más veces. Así fui evolucionando hasta los últimos kilómetros antes de llegar a meta y en la subida por Principe de Vergara encontré una calle inclemente para mis pies sin un escondrijo ni escapatoria algo más suave que un asfalto inclemente que me machacaba sin piedad. Rugiendo interior y exteriormente llegué al Parque del Retiro con las fuerzas intactas y los pies rabiosos. Llegué en cuatro horas y treinta y ocho minutos de crono real. Un tiempo irrelevante pues lo que me resultaba increíble era estar allí después del martirio de los último doce kilómetros. Mis pies estaban íntegros sin ampollas ni heridas y mi moral alta, porque había pasado una vez más, a pesar de todo. Y lo mejor estaba por llegar porque esa mañana de domingo en Madrid me sentía más fuerte que nunca.


Maratón de Madrid 2014
5 de 5. Maratón de Madrid. El tormento y el éxtasis. 5 de 5. Maratón de Madrid. El tormento y el éxtasis. Reviewed by Emilio Sáez Soro on abril 28, 2014 Rating: 5

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