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37 puede ser un número muy especial. 10K de Castellón



Cuando hace unos años no podía apenas correr deprisa porque las rodillas me castigaban cualquier intento de aproximarme a esa idea volver a hacerlo me parecía que ya no iba a ser posible en mi vida. Sin embargo, desde que corro descalzo la progresión, mes a mes, año a año, incluso a mi edad, parece no tener fin. Así, hoy alcancé en el 10K de Castellón un registro que no pensaba que estuviese a mi disposición, por suerte me equivocaba.
Mi buen amigo Ángel Abella se desplazó a Castellón con su mujer Esther con el objetivo exclusivo de acompañarme y empujarme a bajar mi último mejor tiempo en 10 kilómetros, que fue de 38 minutos y 15 segundos en el 10K de Peñíscola.
No había trabajado apenas la velocidad en las últimas tres semanas en las que había competido en carreras de montaña por lo que no tenía ni idea de cómo reaccionaría ante el reto que quería cumplir. Además el día anterior me había pasado tres horas deambulando por las montañas que hay detrás de Castellón y sentía las piernas fuertes, pero algo cansadas. Eso sí, ganas sí que tenía y era lo único que me importaba.



A pesar de que había muchas carreras por todas partes en la prueba participábamos casi setecientos corredores por lo que era seguro que estaría muy disputada.
Ángel y yo nos situamos los más próximo posible a la cabeza de carrera para no perder preciosos segundos en los embudos iniciales. Y se inició la carrera animada por el magnífico speaker Raúl Puchol con el que ya he coincidido en tres carreras seguidas. Tengo que agradecerle su trato deferente con los descalcistas a los que siempre nos dedica palabras muy animadoras.



La carrera se disparó y se lanzó como un cohete. A Ángel le extrañaba que saliesen tan deprisa los primeros, pero luego caímos en la cuenta de que eran los de la prueba de 6 km que lo hacían de forma simultánea a los de la de diez. Nuestro primer kilómetro comenzó muy lanzado, pero enseguida comenzamos a regular y en el dos ya estábamos plenamente controlando. Íbamos muy animados comentando la situación y yo me sentía pletórico de ir corriendo al ritmo que quería y poder conversar con total tranquilidad. Fue todo muy deprisa, llegamos al kilómetro seis manteniendo un ritmo de 3.44 minutos por kilómetro como dos relojes descalzos. Ahí la labor de Ángel de llevarme comenzó a hacer su efecto pues cerca del kilómetro siete comencé a sentir flaquear las fuerzas pero por el efecto de no separarme de mi compañero conseguí mantener el tipo los dos kilómetros siguientes. Ya no hablaba, pero sonreía en mi interior mientras Ángel me decía, vamos muy bien, clavados. Y sí, se presentó el último kilómetro y habíamos mantenido la velocidad contra viento y marea, que realmente no los hubo, porque el clima era magnífico y el asfalto perfecto. Íbamos sobrepasando a corredores que ya iban refugiados en sus últimas energías y a la cola de la prueba de 6 Kms. Y así, encaramos la meta cogidos de la mano en entrada triunfal con un tiempo de 37 minutos y 20 segundos. Había bajado la barbaridad de casi un minuto respecto a la prueba anterior y me sentía completamente entero. Me sentía enormemente agradecido a Ángel, porque tengo claro que sin su apoyo no hubiese salido y desde luego no hubiese salido tan bien.

Ahora toca disfrutar de este estado de inspiración corredora y seguir progresando.


37 puede ser un número muy especial. 10K de Castellón 37 puede ser un número muy especial. 10K de Castellón Reviewed by Emilio Sáez Soro on octubre 23, 2016 Rating: 5

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