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Seguir subiendo. Trail Sierra de Oropesa

Un trofeo que no me esperaba pero que fue bienvenido


Cada vez que afronto una carrera de montaña una gran incertidumbre se cierne sobre mí. Hay carreras sobre asfalto que son un calco entre sí, a veces te olvidas de dónde estás corriendo y podrías pensar que lo estás haciendo por igual en varios lugares. Sin embargo, no hay dos carreras de montañas iguales pues son una gran infinidad los aspectos que las pueden hacer diferentes: perfil, tipo de vegetación, orografía, tipos de senderos, caminos, etc. Y sí, puedo recordar cada una de las ocho carreras de montaña en las que he participado descalzo por sus características únicas. Y claro, no sabes como te va a ir y al correr descalzo aún es más difícil saberlo.

Hoy en el trail de la Sierra de Oropesa me enfrentaba a una prueba de 20,5 kms que por una parte ya suponía mi mayor distancia en competiciones de montaña y que además tenía un perfil intimidante, no tanto por el desnivel acumulado (689 m positivos) sino por como se afrontaba el mismo, en dos paredes prácticamente verticales.



Pero bueno, había que afrontarlo con optimismo y ya que desde que terminé la maratón de París solo había entrenado por montaña, quería comprobar si en realidad estaba mejorando.

El que la carrera estuviese cerca de casa contribuía a poder encontrarme con muchos conocidos con los que contrastar la prueba que íbamos a acometer. Duraría poco la charla pues la mayor parte de los kilómetros los correría en solitario.

Salimos pronto de la población pues las montañas están casi pegadas a la misma y enseguida comenzamos a subir. El tipo de terreno era como siempre pedregoso y polvoriento debido a la degradación de la piedra arenisca del rodeno. En principio me desenvolvía bien entre este tipo de superficie y subía con rapidez con la ayuda de los bastones, aunque me preocupaba que se me enganchases en los estrechos senderos y pudiese lastimar a alguien al soltarse. Tal como se puede ver en el perfil de la prueba enseguida se comienza a atacar la primera cumbre. Y sí, la subida era brusca y muy pedregosa a través de un sendero que serpenteaba hacia las crestas de las montañas. Una humedad densa y la alta temperatura nos hacía sudar a todos a chorros. 

Primera subida de la carrera

Como subiendo puedo seguir un ritmo bastante vivo iba en medio de muchos otros corredores sin mayor problema. Cuando llegamos al primer alto se abrió una pista y apareció el primer puesto de avituallamiento del kilómetro cinco.  Bebí y comí todo lo que pude y a partir de aquel momento comenzó mi carrera solitaria. Apenas quedaban ya corredores tras de mí y esos pocos me irían rebasando en los kilómetros posteriores.

El terreno me marcaba el ritmo y cuando podía correr corría, cuando podía trotar lo hacía, a veces tocaba andar ligero y en otras ir dando saltos. El caso es que iba cambiando de una forma a otra con mucha naturalidad y aunque no podía seguir a los demás que sobre sus centímetros de goma eran ajenos a lo que pisaban, para mí era la partitura de mi carrera.

Ya fui bajando por pistas y senderos durante cinco kilómetros, sin demasiada novedad. La verdad es que estaba a gusto y me encontraba bien. Son momentos de gran armonía en los que te sientes muy integrado en el medio y con tu cuerpo respondiendo de la mejor forma posible. Si terminaba bien, sería un paso importante hacía la búsqueda de mi futura maratón de montaña porque ya me situaría a mitad de camino.

Llegué al segundo puesto de avituallamiento y tras las habituales conversaciones sobre mis pies de cabra afronté la segunda subida.
Enseguida pude comprobar que esta iba a ser distinta. En el primer caso el sendero serpenteaba curvándose y en ocasiones subiendo apoyado en grandes rocas que hacían de escalones. En esta ocasión el sendero subía prácticamente en línea recta hacia lo más alto. Ascendía acometiendo una pendiente de inclinación brutal y pasando por zonas de pedreras de cientos de metros en los que el camino se diluía. En esas pedreras mis bastones no apoyaban bien y los pies al pisarlas las arrastraban hacia abajo con riesgo de perder el equilibrio. Yo subía y subía y aquello no se acababa y la inclinación del terreno cada vez era mayor. No quería mirar hacia atrás porque no me iba a animar la cosa. En ocasiones tuve que apartar los bastones y subir a cuatro patas a riesgo de  despeñarme de otra manera. Fue un momento complicado, allí solo sin referencias de cómo iba a seguir evolucionando aquello y con una situación de equilibrio bastante frágil. Por suerte mis pies estaban respondiendo muy bien y absorbían todo aquello con fiabilidad y fuerza, pero era mi falta de costumbre en terrenos tan escarpados lo que me estaba creado problemas. No se muy bien como me apañé pero al cabo de un rato ya estaba en el alto. Tardé horrores en coronar ese tramo y me preocupó haber gastado demasiado tiempo. Tenía un límite de cinco horas y cuando llegué arriba con apenas doce kilómetros ya llevaba tres. Era una barbaridad. La suerte es que a partir de ese momento todo sería ya más sencillo.

Zonas de pedriza en el segundo ascenso

Comencé a bajar mucho más rápido por pistas que a veces eran muy pedregosas y a veces menos. Luego vino una red de senderos que me hizo seguir bajando por el barranco que al final abordaría por el medio del mismo. Esa última parte de la carrera tuvo momentos más sencillos y alguno más complicado, pero la subida de la segunda pared me había dejado exhausto y algo asustado porque en realidad me había visto muy agobiado.

Los ocho kilómetros que me quedaban los hice en una hora y media. Total llegué a las proximidades de Oropesa cuando ya estaban en la fase de recogida. La policía esperaba al corredor de cierre y me escoltaron por el pueblo con las sirenas encendidas, porque habían restablecido el tráfico y para evitar accidentes. Yo me sentía como una estrella del rock. Llegaba el último de todos y el primero descalzo que hacía ese trail en sus diez años de historia. Era mi carrera y me había sobrado media hora del tiempo que tenía. Mi objetivo era entrar en tiempo límite y llegar entero e intacto, y todo lo conseguí, por lo que era feliz. Los miembros de la organización, muy amables me sacaron de beber y comer y me dieron el trofeo al tercer clasificado minimalista. Me hacía gracia tener trofeo, pero bueno, era mío en justicia.

Aún tengo mucho que mejorar y aprender en este terreno, pero a la vez es muy satisfactorio comprobar como cada vez puedo hacer más distancia sin agotarme y llegando en perfectas condiciones.


Enlace al resto de fotos



Seguir subiendo. Trail Sierra de Oropesa Seguir subiendo. Trail Sierra de Oropesa Reviewed by Emilio Sáez Soro on mayo 27, 2017 Rating: 5

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