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Pies de primavera. Media maratón de Moncada



Hoy me he llevado una gran satisfacción en la Media Maratón de Moncada (Valencia), aunque ha sido toda una sorpresa. Lo curioso es que llegué allí esta mañana temprano con cierta aprensión pues aunque me sentía recuperado de la contractura en los isquios que tenía desde el domingo anterior en Benicassim, siempre vas con la sensación de que pueden reproducirse esas situaciones. Pero al final, entre conversaciones con viejos amigos como el veterano y compañero de décadas de competiciones Ricardo Martín, compis de mi club Saltamontes, los hermanos Palomera Svensson que luego arrasarían en los podiums, Rafa Navarro otro compañero descalcista y muchos otros amigos y conocidos, pues me olvidé de cualquier temor. Si que tuve algo de tiempo para calentar y corretear un buen trozo antes de la salida, durante este tiempo pude confirmar que mis piernas estaban en buen estado y mis fuerzas todas dispuestas a emplearse a fondo.

Buen ambiente antes de la salida

Ya había corrido la media de Moncada en otras ocasiones aunque calzado. Es una prueba que siempre me ha gustado, por una parte está organizada con mucho cariño, hay buena participación de corredores y el trazado es muy entretenido aunque bastante rompepiernas por la gran cantidad de repechos. Era la primera vez que la corría descalzo y me gustaba volver de esta forma. A diferencia de otras ocasiones en las que participé, en esta la prueba contenía dos carreras una de cuarto de maratón y la media. Eso me supondría cierta confusión a mitad de la carrera.



La carrera salió muy lanzada, en especial por la mezcla de corredores de la de diez y la de veintiuno. De todas maneras yo controlé bien mi ritmo y no caí en la tentación de dejarme llevar por el ímpetu del primer kilómetro. Me puse de nuevo como el fin de semana anterior el objetivo de la hora y veinticinco minutos y más o menos tenía claro qué ritmo llevar. Sin embargo el circuito era desde un primer momento bastante irregular como para que fuese sencillo controlar el ritmo. Por un lado las cuestas hicieron su aparición enseguida y ya no se irían en todo el recorrido, el circuito además tenía muchas curvas, en ocasiones de ciento ochenta grados, con la reducción de ritmo que eso supone, y por último el terreno también variaba mucho, de bueno a regular, de regular a malo y a veces de malo a malísimo. La combinación de todos estos elementos suponían un esfuerzo extra si quería conseguir mi objetivo. 

Compartiendo la prueba con los corredores del cuarto de maratón. (Foto cortesía de El Muro)


Pero todas estas dificultades iban pasando sin demasiada complicación porque mis fuerzas llegaban muy bien a mis pies y mis piernas. Subía bien las cuestas y luego al bajar me sentía volar con mucha ligereza. Aunque salí bastante adelantado en el pelotón aún fui adelantando a algunos corredores en los primeros kilómetros. Los primeros nueve kilómetros pasaron bastante rápidos y a muy buen ritmo, iba por delante de mis expectativas aunque la experiencia me decía que luego vendría un tiempo menos bullicioso. En el kilómetro ocho fui adelantando a un pequeño grupo de corredores y encarando el nueve y pico uno se me puso a rueda y no me dejaba que me fuese. No entendía ese afán hasta que me esprintó ya llegando al diez, mi confusión se aclaró cuando caí en la cuenta de que era un corredor de la prueba de diez kilómetros. Sigo sin comprender como mezclan corredores de pruebas muy rápidas con los de otras más lentas, generan muchas situaciones extrañas y mucha confusión.

Así que yo cogí la bifurcación de la media maratón y de repente me vi solo, no veía a nadie ni por delante ni por detrás. Una chica me dijo que iba en el puesto once de la general lo que me supuso una gran sorpresa. Mi ritmo iba por debajo de los cuatro minutos por kilómetro por lo que mis objetivos se podrían cumplir de forma sobrada de seguir así. Sin embargo, a partir del kilómetro trece comencé a sentir cierto bajón de fuerzas y a bajar un poco el ritmo. En el quince cogí una larga cuesta abajo y me rehice pero mi media había bajado y perdí tres posiciones. Sin embargo estaba feliz, quedaban poco más de cinco kilómetros para terminar y en conjunto me sentía genial. Ese estado de felicidad me supuso reactivarme, no tanto como para recuperar posiciones pero sí para no perder ninguna más. Esos últimos kilómetros los viví en auténtico estado de flujo, con la clara sensación de que correr era lo que mejor sabía hacer y que en esos momentos me encontraba en completa plenitud.

Los últimos kilómetros pasaron rápidos, incluso el diecinueve que fue casi al completo cuesta arriba y con un asfalto demencial en algunos tramos de partido y agresivo. La mañana de primavera, con el olor profundo del azahar, la humedad de las lluvias de la noche anterior y un sol que era una caricia me alimentaban cada zancada y así llegué a la meta en una hora, veinticinco minutos y cuarenta y cinco segundos. La sensación de haber cumplido la misión en circunstancias poco favorables me supuso tal subidón que entré en la zona de descanso postmeta riéndome de gusto. Al final el esfuerzo se vio doblemente recompensado consiguiendo el primer puesto de mi clasificación por edad y el décimo cuarto de la general de unos trescientos participantes. Sentí que la primavera había besado mis pies y me alentaba a seguir corriendo.

Compartiendo la llegada con otro compañero descalcista

Pies de primavera. Media maratón de Moncada Pies de primavera. Media maratón de Moncada Reviewed by Emilio Sáez Soro on abril 08, 2018 Rating: 5

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