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Kipchoge bajaría de las dos horas en maratón si le dejasen correr descalzo





Estos días se ha elucubrado mucho con los inicios del plusmarquista mundial de maratón Eliud Kipchoge. Que si corría descalzo de niño, que si pertenece a una tipología de corredores que se remonta a un pasado de cazadores (artículo de El País 16/9/2018) , pero al final no se entra en lo esencial. Esto es, somos el único animal mamífero que para desplazarse, aisla, esconde, amortigua, etc., sus pies (otra cosa es que se pongan herraduras a los caballos para explotarlos).

Parece de cajón que tenga que ser así, pero a todos nos resultaría difícil imaginar a un guepardo alcanzado los 130 kilómetros hora con botines engomados, o a un gato saltando de aquí a allá con unas Nike, etc. Cuando veo a la gente a mi alrededor que se ha descalzado momentaneamente, tocan el suelo con los pies desnudos como si quemase, como si fuese un peligro lleno de infecciones, le tienen pavor. Nos hemos convertido en unos seres débiles, con los pies flojos, delicados, endebles, dependientes de un calzado innecesario en la mayoría de las ocasiones.

Y lo peor es que tenemos sobradas pruebas de que esa minusvalía a la que nos sometemos debilitando progresivamente nuestros pies es absurda e innecesaria, en especial en los deportes de carrera a pie. Son pocos los atletas de élite que tuvieron la osadía de ir contra el paradigma del calzado, pero dieron muestras de que su utilidad no era tal: Bikila, Zola Budd, Cristopher Koskey y ahora en España Iván Raña en alguna ocasión puntual.  Sin entrar ya en la élite, muchos de los ya cientos de corredores descalcistas que hay en España estamos mejorando las marcas de toda nuestra vida atlética, algunas muy dilatadas, en esta nueva etapa descalcista.

Sin embargo en mucho ámbitos a los corredores descalzos se nos sigue mirando como raros, cuando es lo más natural. O peor aún se nos tilda de antisistema, frikis, hippies, locos, etcétera. La gracia del asunto es que correr descalzo es algo que acaba enganchando a casi todo el que lo prueba por muchas razones que ya he descrito en otros posts de este blog, y una de las más poderosas es que cuando ya te has adaptado tras la necesaria transición notas con claridad como corres más y mejor. Esto es empírico y demostrable en la mayoría de los casos que conozco de corredores que han cambiado su forma de correr. En mí caso he acabado haciendo mejores tiempos a partir de los cincuentas años descalzo que con veintitantos calzado y eso que para entonces ya era muy competitivo y me entrenaba casi a diario. Con la sutil e importante diferencia que cuando era joven me pasaba siempre algún mes que otro lesionado todos los años y en mi etapa descalcista de seis años no he tenido que dejar de correr ni una semana.

Pero volvemos a Kipchoge. Es obvio que no va a abandonar el  patrocinio de Nike para intentar batir ningún record descalzo. No hay que ser ingenuo, en su situación tampoco lo haría. Pero no me cabe duda de que si todo lo que hace en su preparación lo hiciese descalzo, recuperando la adaptación que ya tenía a esta forma de correr estaría más cerca de batir la ansiadas dos horas en maratón que con todos los impedimentos que pone a sus pies. La razón es sencilla, Kipchoge es un ser privilegiado con las características perfectas para correr, cualquier cosa que se interponga entre él y el camino es un estorbo, por sí mismo, sería aún mejor.




Kipchoge bajaría de las dos horas en maratón si le dejasen correr descalzo Kipchoge bajaría de las dos horas en maratón si le dejasen correr descalzo Reviewed by Emilio Sáez Soro on septiembre 19, 2018 Rating: 5

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