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Maratón de Castellón 2019. El entusiasmo curativo




Hasta hace cinco días no tomé la decisión de correr esta carrera. Mi reciente lesión de piramidal y la falta de entrenamiento, además de la necesidad de reincorporarme de forma progresiva a hacer más kilómetros, hacían que mi sentido común me llevase a no querer correr esta prueba. Pero mi sentido común salto por los aires el lunes pasado cuando otro corredor me vio entrenando y me preguntó todo ilusionado si iba a participar, ya que había aparecido la noticia en varios periódicos de que la maratón de Castellón estrenaba categoría descalcista. Yo le di algunas excusas de mala gana respecto a mi situación física, le desee suerte y nos fuimos cada uno por nuestro camino.

Esa conversación fue como una espoleta que hizo explotar algo dentro de mí y esa misma tarde estaba hablando con la organización de la prueba para apuntarme y para pedirles la colaboración con mi reto 365 días corriendo descalzo por Médicos sin Fronteras, a lo que accedieron gustosamente. No podía perderme esta fiesta de los corredores y por añadidura de los corredores descalcistas y esta mañana estaba listo para correr y todo ilusionado. 

La verdad es que no las tenía todas conmigo porque además de que la lesión estaba muy cercana en el tiempo, no había hecho ningún entrenamiento específico para la maratón, ni largos, ni nada que se le pareciese. Pero aunque todo eso estaba en el fondo, me centré en disfrutar del momento, en las buenas conversaciones con amigos, corredores y no corredores, calzados y descalzos, pues todo el que va a ver o a correr una maratón comparte muchas cosas contigo.

Diez corredores descalcistas tomábamos la salida una vez más, en la maratón que más corredores descalzos concentra en todas partes, en parte gracias al trato excelente que siempre nos brindan desde su organización.

Hacía una hermosa mañana para correr, fresca y luminosa, aunque conforme fue avanzando llegó incluso a hacer calor. Este año cambiaba el circuito, eliminando algunos tramos que suponían alguna rampa que le restaba velocidad a la prueba. A cambio callejeamos más por el centro de la ciudad lo que suponía un mayor acompañamiento de público, sobre todo del que sale a pasear los domingos.
Ambientazo en la salida


La prueba comenzó y yo me lo tomé con mucha tranquilidad, saliendo de atrás y con un ritmo superrelajado. Fui esos primeros tramos corriendo con Ximo y Albert, colegas descalcistas con los que la conversación fluía de forma relajada. Albert tuvo un incidente con su gemelo y tuve que seguir solo. Pasaban los kilómetros y me encontraba de maravilla, así que fui acelerando poquito a poquito sin forzar. Pasé al globo de cuatro horas, luego al de 3.45 y me fui lanzando hasta que pasé al de 3.30 h por el kilómetro 12 o 13. Allí estaba Ares y nos unimos en animada charla siguiendo una progresión suave adelantando a corredores. Al rato nos separamos para seguir cada uno el ritmo que le pedían las piernas. Ya en la recta de bajada al puerto fue una gozada, las piernas iban muy bien y me pedía marcha y pues ya puestos, se la di.

El chip que me lo había atado con un cordón sedoso, no hacía más que desatarse y tuve que parar hasta tres veces a atármelo de nuevo y siempre con la aprensión de que se me cayese. A parte de este pequeño problema, la carrera se dejaba llevar de maravilla, decenas de grupos de animación por todas las calles, nutridos puestos de avituallamiento cada dos kilómetros y medio, patinadores con reflex, que aunque por suerte no necesité, no dejaba de ser una tranquilidad verlos por todas partes. La organización de Castellón, como todos los años buscando el más mejor para todos los corredores.

 Estuve subiendo posiciones de forma progresiva y animada bajando al puerto y subiendo. Hasta el kilómetro 33 estuve corriendo a ritmos bastante más altos, entre 4.15 y 4.30 minutos por kilómetro, con lo que mi avance en las posiciones fue importante. Pero los milagros no existen y la falta de fondo comenzó a pasarme factura. Del kilómetro 34 al 36 noté una bajada clara de fuerzas y a partir del 37 más que el muro me encontré la muralla China. Comencé a ver lucecitas y la vista desenfocada en lo bordes, clara señal de falta de fondo y de energía. Estaba amorrado a las botellas de electrolitos sin parar de beber para contrarrestar una posible deshidratación y la cosa se fue arreglando. Así que encaré los últimos cinco kilómetros a un digno trote cochinero con el que perdí posiciones pero no fue la debacle en ningún sentido.

El cambio de recorrido hace que la llegada sea mucho más espectacular entrando desde el centro de la ciudad de forma directa en el recinto de la meta y no dando un rodeo como antes, por lo que las sensaciones fueron muy intensas. Al final, 3 horas y 27 minutos y con el resuello recuperado, aunque algo me tambalee cuando intentaba quitarme torpemente el chip. Al final y algo que no imaginaba, quedé primero en la clasificación descalcista, aunque para mi lo más importante había sido poder terminar con tanta fiabilidad en aquellas extrañas circunstancias.

Ha sido una carrera en la que siento más que nunca que ha sido la emoción y el entusiasmo el que me ha llevado a hacerlo bien, a correr de forma muy progresiva y a mantenerme en los momentos más duros. Gracias a todos los que habéis compartido conmigo esta mañana y la organización de la Maratón de Castellón por su apoyo a los descalcistas.



Maratón de Castellón 2019. El entusiasmo curativo Maratón de Castellón 2019. El entusiasmo curativo Reviewed by Emilio Sáez Soro on febrero 24, 2019 Rating: 5

1 comentario

  1. Muy buena crónica de la carrera - Las maratones dan para mucho, y aquí el lector se siente como dentro de la carrera - No sé si felicitarte porque lo tuyo es ya de campeón: entre lo de correr y lo de la divulgación del descalcismo, Dios, que como todo el mundo sabe no lleva calzado, ya te estará haciendo un altar en el cielo - Gracias por el blog y por los tres libros - Pronto espero empezar a leer "100 consejos...", que ya he ojeado y sobre todo, tocado, que tiene un papel muy suave y agradable al tacto.

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